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Monjes de pobla

20 de marzo de 2019

Dos monjes Zen paseaban por La Pintana. De pronto se cruzó una paloma y uno de ellos le dio un bastonazo que ni la cotorra misma espero. ¿Por qué lo ha hecho, Maestro?, pregunto el aprendiz. Indiferencia, respondió el guía. Y tan pronto como aleteo la paloma, este la recogió y le puso una tela en la pata derecha. ¿Por qué lo ha hecho, Maestro?, volvió a preguntar el monje aprendiz. Para percatarme de los demás. El aprendiz, ese día no alcanzo la iluminación, hasta que choco con una niña, tiempo después, que tenía un chincol tatuado, en la micro.